Psict. David Rios Bernáldez

Los adultos en ocasiones tendemos a ver el mundo de los niños como feliz y despreocupado, después de todo nuestros hijos “no tienen que trabajar ni pagar cuentas”; entonces, ¿de qué podrían preocuparse? ¡De muchas cosas! Incluso los niños muy pequeños tienen preocupaciones y lo sintomatizan en ansiedad en alguna medida.

En los niños de edad preescolar el hecho de separarse de sus padres puede ocasionarles ansiedad, asÍ como aprender las reglas y los límites necesarios en su crianza y, con más razón, si estos son impuestos autoritariamente o si existe demasiada permisividad que los desborda en su manera de comportarse.

A medida que crecen, las presiones académicas y sociales pueden llegar a crear ansiedad. El ritmo acelerado de vida de los padres es un factor importante que produce estrés, así también la sobre exigencia a los niños en diversas áreas, y ahora principalmente el encierro que la Pandemia nos ha obligado a vivir como si fuera cotidiano o un encierro emocional.

La ansiedad en los niños no solo puede aumentar por lo que suceda en su propia vida, los niños escuchan cuando se habla de los problemas en el trabajo, preocupaciones por enfermedad de un familiar, la situación de inseguridad, violencia y la pandemia o, discusiones o maltrato entre parejas; es importante cuidar la forma en que se habla sobre estos temas cuando los hijos están cerca, porque los niños reconocen la ansiedad de los padres y comienzan a preocuparse, incluso en ocasiones llegar a sentirse culpables.

También debe tenerse en cuenta los factores agravantes, la enfermedad del infante, la muerte de un ser querido, las relaciones disfuncionales familiares o un divorcio, que cuando se suman a las presiones cotidianas que los niños enfrentan, magnifican la ansiedad. Incluso el divorcio más cordial puede ser una experiencia difícil para los niños, debido a que su sistema básico de seguridad que es su familia, atraviesa un cambio complicado. Los padres separados nunca deben colocar a los hijos en una posición en la que deban elegir u lado ni exponerlos a comentarios negativos sobre el otro cónyuge.

 

Signos y Síntomas

Si bien a veces no es fácil reconocer la ansiedad en los niños, los cambios a corto plazo en la conducta como los cambios de humor, el mal comportamiento, morderse las uñas constantemente, falta de apetito, los cambios en los patrones de sueño como insomnio, terrores nocturnos o pesadillas, hasta el hecho de hacerse pipí constantemente en la cama (enuresis), pueden ser indicadores. Algunos niños experimentan efectos físicos que incluyen dolor de estómago o dolor de cabeza. Otros pudieran tener problemas para concentrarse en la escuela o terminar la tarea escolar, algunos se abstraen o se aíslan, incluso llegan a refugiarse en la tv o videojuegos, pueden comenzar a mentir, agredir físicamente a personas o animales o, desafiar abiertamente la autoridad de sus padres.

 

Cómo reducir la ansiedad

El descanso adecuado y la nutrición correcta, así como una buena crianza, pueden aumentar las habilidades para enfrentar las situaciones de ansiedad. Hágase un tiempo para sus hijos todos los días, esté disponible para ellos ya sea que necesiten hablar, jugar o involucrarlos en actividades sencillas de la casa. Expresarles su interés por ellos les demuestra lo importante que son en su vida.

También puede ayudar si se adelantan a las situaciones que provocan ansiedad y prepara a sus hijos para enfrentarlas, recuerde que cierto nivel de ansiedad es necesaria; hágale saber que está bien sentir enojo, tristeza, temor, soledad o desesperación, cuéntele algunas situaciones personales que haya vivido y cómo se sintió, esto ayudará a identificar sus sentimientos y emociones que reducirán en gran medida la ansiedad.

Es importante realizar actividades lúdicas fuera de lo escolar como dibujar, jugar juegos de mesa, leer cuentos e historias, hacer ejercicio, experimentos caseros y, sobretodo el juego libre.

La mayoría de los padres cuentan con las habilidades para solucionar la ansiedad de sus hijos, pero se debe buscar atención profesional si cualquier cambio en la conducta persiste, si la ansiedad continúa durante un periodo de tiempo considerable y empiece a generar síntomas graves que afecten el desarrollo de su hijo y/o en la dinámica familiar, la detección a tiempo es de gran ayuda.

 

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